8. Liderazgo

¿Podemos ser buenos líderes?

Cuando iba al colegio, no me gustaba la asignatura de valenciano y no conseguía encontrar la motivación para estudiar, por lo que sacaba malas notas. Durante un curso, mi abuelo vino a pasar una temporada a mi casa para estar en compañía y aprovechar para salir por primera vez de su casa en el pueblo, situada en el interior de Castilla La Mancha. Un día se enteró de que no me gustaba esa asignatura y, a pesar de que él no había estudiado nunca esa lengua, intentó leerme un fragmento de un libro y me animó a continuar leyendo por mi misma. Poco a poco, cada tarde me ayudaba a estudiar en un idioma que él no conocía, pero su esfuerzo, su pasión y sus muestras de cariño, me ayudaron a encontrar la motivación para estudiar valenciano y sacar buenas notas en la asignatura.

 

Daniel Goleman

Esto bien podría ser un pequeño ejemplo de líder coaching del que nos habla Daniel Goleman, ya que mi abuelo trataba de potenciar mis cualidades personales y me ayudaba a emplear nuevas formas de aprendizaje, motivándome para lograr mis objetivos y poder avanzar. Además, también podemos ver aspectos de líder afiliativo, porque la creación de lazos personales, la armonía y la colaboración fueron esenciales para lograr los objetivos.

 

Goleman añade cuatro tipos de líderes más: el autoritario, que exige que se acaten las normas sin dar explicación, y basándose en la disciplina como valor fundamental; el timonel, que marca un rumbo, poniéndose de ejemplo, pero con poca comunicación entre los miembros del equipo y el líder; el democrático, que basa sus decisiones en las opiniones de todo el equipo; y el visionario, que motivan al equipo con su visión clara de la organización y del objetivo.

 

Daniel Goleman es un psicólogo y escritor estadounidense que adquirió fama tras la publicación de su libro Emotional Intelligence en 1995. Puso de relieve el término de inteligencia emocional cuando nadie lo conocía, y desde entonces, este constructo ha tenido una gran acogida en distintos ámbitos (empresa, clínica, educación…). Este concepto también lo vincula con el liderazgo positivo, ya que, para Goleman, el liderazgo ya no tiene que ver con el control de los demás en la actualidad, sino con el arte de persuadir y conseguir que los demás colaboren para alcanzar un objetivo común. La visión clásica de término líder se asociaba a los jefes de la manada que tratan de proteger a sus subordinados y los someten bajo sus órdenes. Sin embargo, la concepción que se tiene en nuestros tiempos se ha distanciado de esta definición de líder, asociándola a un imagen más humana y empática de esta figura. Con el liderazgo positivo, no se critican los errores que se cometen, sino que se centran en las cosas que una persona ha hecho o puede hacer bien.

 

Además, la inteligencia emocional también puede servirnos para mejorar nuestra vida social, ya que expresar nuestros sentimientos constituye una habilidad social fundamental.

 

“Las personas con habilidades emocionales bien desarrolladas son más proclives a ser efectivas en su vida, pues dominan los hábitos de su mente que fomentan su propia productividad. Las personas que no pueden controlar su vida emocional mantienen luchas internas que sabotean su capacidad de trabajar con atención y una mente limpia” – Daniel Goleman

Daniel H. Pink

Kevin Roberts

 

Por otra parte, Daniel H. Pink, escritor estadounidense, y Kevin Roberts, empresario británico, entre otros, hablan de la tendencia actual hacia la figura de líder creativo, muy similar al liderazgo positivo que describe Goleman. Para ellos, los líderes actuales son capaces de generar un ambiente donde se fomenta la autonomía y se deja libertad para dirigirse a uno mismo, dando oportunidades para que se pueda crecer en la carrera por alcanzar objetivos muy grandes.

 

Como hemos visto con Goleman, los sentimientos y emociones son un factor decisivo a la hora de afrontar un reto o tomar una decisión. Por ello, los líderes actuales se adaptan a distintas situaciones y logran sus objetivos con mayor eficacia si son capaces de motivar a su equipo, sin tener que emplear un método más opresor o autoritario. Por ello, cada vez se deja más libertad para la autogestión, ofreciendo unas directrices que puedan motivar a las personas y que permitan alcanzar el objetivo fijado. Aunque, el verdadero logro, como hemos visto, es la capacidad de seguir adelante sin importar las veces que fracasemos.